Balotaje
Energético:
dos
modelos
contrapuestos
Las
elecciones
abrieron
la
puerta a
una
enorme
serie de
interrogantes
que hoy
sólo
pueden
responderse
a partir
de
suposiciones.
Sin
embargo,
para el
sector
energético,
se
debaten
dos
modelos
con
enfoques
distintos.
Más allá
de la
disyuntiva
política
que nos
toca
asumir
el
próximo
22 de
noviembre,
el
sector
energético
debe
afrontar
una
revisión
de
carácter
estructural.
En la
actualidad,
la
enorme
dependencia
de los
combustibles
fósiles
para
generación
energética
y el
abastecimiento
de
industrias,
sumado a
la
insuficiente
capacidad
de
producción
local de
gas
natural,
resultó
en
importaciones
de gas
de
Bolivia
y LNG a
precios
internacionales.
Este
desbalance
entre la
oferta y
la
demanda
genera
un costo
para las
arcas
nacionales
que se
intensifica
con el
congelamiento
tarifario.
Frente a
este
panorama,
surgen
diversos
interrogantes
que no
poseen
una
única
respuesta.
Sin
embargo,
cada
partido
político
debe
presentar
un curso
de
acción
ya que,
de
cualquier
manera,
se deben
tomar
decisiones.
Analizaremos
las dos
posturas
a partir
de las
declaraciones
de cada
frente.
Mantener
los
subsidios
y un
cambio
administrado
A partir
de una
nota del
medio
“El
Inversor”
hemos
podido
rescatar
una
declaración
que
hecha
luz
sobre la
postura
del
candidato
del FPV:
“Con
respecto
a las
subvenciones
-por
ejemplo
en los
servicios
públicos-,
el
actual
gobernador
bonaerense
prometió:
"No voy
a sacar
subsidios,
yo
garantizo
mantenerlos
porque
quiero
gobernar
para la
amplia
mayoría
de los
argentinos,
no para
los
ricos".
En
cuanto a
la venta
de
divisas,
Scioli
señaló
que "el
cambio
tiene
que
estar
responsablemente
administrado
para que
la
economía
tenga
competitividad",
y
anticipó
que el
escenario
mejorará
notablemente
porque
"las
reservas
irán
aumentando
en forma
sostenida,
más que
nada por
la
inversión
en
exploración
y
explotación
de
petróleo"
A partir
de estas
declaraciones
podemos
sacar
dos
conclusiones.
Por un
lado, se
mantendrán
los
subsidios
a la
demanda
-especialmente
la
residencial-
(sin que
eso
implique
que
pueda
llegar a
haber un
ajuste
en la
tarifa),
lo que
determinaría
que la
diferencia
entre
los
costos
actuales
de
generación,
transporte
y
distribución,
y los
precios
de la
energía,
serán
absorbidos
parcialmente
por el
Estado.
Por otra
parte,
se
menciona
otra
variable
clave en
este
mercado:
el tipo
de
cambio.
Sobre
este
punto,
el
candidato
presidencial
es
coherente
en su
línea
discursiva
respecto
a una
administración
regulada
del
dólar.
Como
sabemos,
esto
impacta
directamente
sobre el
precio
de los
combustibles
y la
energía
plus. De
esta
manera,
el
Estado
podría
controlar
qué
actores
compartirían
el
ajuste
que
sostendría
un
precio
de
energía
subvencionado.
El Gas
Natural:
Una
apuesta
al
desarrollo
Este
insumo
es el
que
regula
el
amperímetro
energético,
y por lo
tanto,
ningún
esquema
puede
dejarlo
de lado.
La
propuesta
del
candidato
del FPV
fue
firmar
un acta
en el
que se
comprometía
a
incrementar
los
incentivos
en la
producción
de gas.
La
medida
se
centra
básicamente
en
“(…)
elevar
hasta
los US$
5 por
millón
de BTU
el
precio
de la
inyección
base de
gas que
producen
las
petroleras.
En los
hechos,
eso
implicará
incrementar,
en
promedio,
un dólar
más al
precio
final
que
reciben
las
productoras.
Para
poner en
blanco
la
situación:
una
empresa
que hoy
termina
cobrando,
por todo
concepto,
un
precio
final
ponderado
de US$
3,50
pasará a
cobrar,
con el
nuevo
esquema,
ceca de
US$ 4,50
por
MMBTU.
Para
acceder
a ese
beneficio,
las
petroleras
deben
evitar
que su
producción
caiga un
10%
menos
que la
de
2014.”
Esta
medida
apunta,
básicamente,
a
ampliar
la
oferta
de gas
sobre la
de
combustibles
líquidos,
cuyo
precio
es
sustancialmente
mayor.
En esta
línea,
se
reducirían
las
importaciones
de LNG y
gas de
Bolivia,
lo que
permitiría
al
Estado
disponer
de una
mayor
cantidad
de
dólares
para
financiar
este
proyecto.
A largo
plazo,
el
objetivo
es que
la
matriz
de
abastecimiento
pueda
depender
únicamente
de gas
autogenerado
y
eliminar
las
importaciones
de
combustibles.
Sin
embargo,
en el
corto y
mediano
plazo,
hasta
que
dicha
producción
esté
disponible,
será
menester
disponer
de una
financiación
que hoy
se
mantiene
como un
interrogante,
tanto
para
productores
como
para el
Estado.
Energía
Nuclear,
una
alternativa
que
crece
El
titular
no
introduce
una
noticia
inesperada
en
términos
de
política
energética.
El
sector
nuclear
ha
crecido
sostenidamente
en el
último
período
y el
gobierno
redobla
el
impulso
sobre
esta
alternativa:
el
pasado 4
de
noviembre
“representantes
de ambos
gobiernos
firmaron
el día
de ayer
el
acuerdo
comercial
y la
conformación
del
consorcio
para la
construcción
de la
cuarta
central
nuclear
argentina,
junto
con el
acuerdo
marco
para el
desarrollo
de una
quinta
central.”
La
cuarta
central
“(…)
tendrá
un
reactor
de
uranio
natural
y
contará
con una
potencia
de unos
750
megawatts
(Mw).”
“(…)
También
se firmó
el
acuerdo
marco
para
impulsar
la
construcción
de una
quinta
central
nuclear
con
tecnología
china de
agua
liviana
y uranio
enriquecido.
La misma
tendrá
una
potencia
de 1.000
Mw.”
La
demanda
crece y
continuará
creciendo
y, para
ello, es
necesario
pensar
en un
horizonte
de
abastecimiento.
Ese
horizonte
es la
matriz
energética
nacional.
En esta
línea,
podemos
ver que
la
intención
de este
sector
es
diversificar
la
matriz a
partir
del
aumento
de la
oferta
de
energía
nuclear.
Esto,
claro
está,
surge de
la
indisponibilidad
actual
de gas
para
poder
fortalecer
la
generación
térmica
a corto
y
mediano
plazo.
Cambiemos:
El
esquema
del
precio
único
Con una
postura
diferente
a la que
hemos
analizado,
el
frente
de
Cambiemos,
que en
materia
energética
está
liderado
por el
ex
presidente
de
Shell,
Juan
José
Aranguren,
propone
un
esquema
que se
basa en
la
consolidación
de
precios
con el
fin de
acoplar
al
sector a
la
situación
internacional:
“Teniendo
en
cuenta
la
evolución
de todas
las
variables,
incluido
el tipo
de
cambio,
nivel de
actividad
y
productividad,
creo que
debería
negociarse
un nuevo
acuerdo
sectorial
entre
petroleros,
provincias
productoras
y
sindicatos,
refrendado
por
resolución
ministerial,
para el
período
de
transición
en el
que los
precios
internacionales
se
mantengan
deprimidos;
con el
objetivo
final de
volvernos
a
acoplar
al mundo
cuando
la
situación
se
revierta.”
(…)
“Desacoplarse
del
mundo
tiene
muchos
costos,
como la
caída de
inversión
y la
pérdida
de
reservas
y
producción,
y pocos
beneficios,
como el
mayor
consumo,
aunque
deteriorado
por la
inflación”.
“Durante
una
década
los
precios
del
petróleo
y los
combustibles
estuvieron
en la
Argentina
artificialmente
por
debajo
de los
internacionales
y a
partir
de
agosto
del año
pasado
esa
situación
se
revirtió”
La
intencionalidad
de este
modelo
reside
en
ajustar
el
mercado
energético
a la
situación
internacional
que hoy
en día
con el
precio
del
barril
en 50
U$S y la
expectativa
de que
esta
situación
se
sostenga
en el
tiempo
permitirían
disponer
de
energía
a
valores
más
económicos.
Inmediatamente,
surge el
interrogante
de cómo
impactará
este
acople a
los
distintos
sectores.
En
principio,
el
objetivo
de
disponer
energía
más
barata
es poder
seguir
subvencionando
a los
sectores
más
carenciados;
sin
embargo,
la
variable
que
determinará
la
magnitud
de esta
medida
es el
tipo de
cambio,
ya que
ante una
eventual
devaluación
estaremos
frente a
un doble
efecto:
la
reducción
del
precio
del
petróleo
(de 70
U$s a 50
U$S, lo
que
representa
una
disminución
del
orden de
un 30%)
y un
incremento
en el
factor
de
multiplicación
(de 9,5
actualmente
a un
probable
14 o 15,
lo que
representa
un
aumento
de entre
47-57%).
Esta
diferencia,
naturalmente,
tendrá
que ser
costeada
por
algún
sector.
“Luego
de años
de
subsidiar
a la
oferta
energética
para
beneficiar
principalmente
a
aquellos
que no
lo
necesitaban,
dirigiremos
los
subsidios
a la
demanda
de
aquellos
sectores
de la
población
que lo
requieran,
disminuyendo
el
déficit
de las
cuentas
públicas
y
contribuyendo
así a la
reducción
de la
inflación
para
beneficio
de toda
la
población,
especialmente
aquella
de
menores
ingresos”
Por otra
parte,
frente a
la
propuesta
del FPV
respecto
de la
subvención
a la
producción
de gas,
Aranguren
responde
dentro
de la
misma
línea
argumentativa
de un
esquema
consolidado:
“Si
bien
entiendo
a los
que
proponen
un
subsidio
a la
producción
incremental
(del
fluido),
porque
prefieren
pagarlo
localmente
antes
que
gastarlo
en
importar
gasoil
para
generar
electricidad,
por lo
general
no soy
partidario
de tener
dos
precios
para un
mismo
producto,
ya que
se
requieren
muchos
controles
y se
presta a
mucha
discrecionalidad”
“Asimismo,
conforme
los
slides
mostrados
por la
presidenta
Cristina
Kirchner
(durante
la
presentación
de la
iniciativa),
el
subsidio
de la
‘producción
base’
(no ya
de la
producción
incremental)
aumentaría
el
déficit
fiscal
en US$
1500
millones.
Por lo
que me
pregunto,
¿de
dónde
van a
surgir
esos
fondos?
¿Han
terminado
de pagar
los
planes
‘plus’
anteriores
o
patearon
la
pelota
para
adelante
con un
bono que
tendrá
que
afrontar
otro
gobierno?
Debemos
hacernos
cargo
del
presente
y dejar
de
hipotecar
el
futuro”
El
análisis
que
podemos
hacer es
bastante
acotado
ya que
si bien
ambas
posturas
presentan
dos
maneras
de
encarar
el
problema,
lo que
más nos
preocupa
son las
repercusiones
que cada
medida
pueda
generar.
Asimismo,
nos
resulta
imposible
aventurarnos
a lanzar
afirmaciones
que
estén
basadas
en
supuestos.
De todas
maneras,
lo único
que
podemos
anticipar
es que
se
necesita
un
ajuste
en el
sector
energético.
Por un
lado, se
propone
un
esquema
más
regulado,
y por el
otro,
una
mayor
libertad
de
acción.
Dentro
de ambas
políticas,
hay
costos
ineludibles
y los
distintos
sectores
deberán
prepararse
para
hacerle
frente a
un
futuro
demasiado
cercano.
Energías
Renovables:
Una
única
vereda
En
materia
de
energía
verde,
tanto
Cambiemos
como el
FPV
poseen
intenciones
similares:
A
grandes
rasgos,
el FPV
impulsó
la Ley
Guinle
que
impone
la meta
de
conformar
un 8% de
la
matriz
energética
con
energías
renovables
para el
2017,
hasta
alcanzar
un 20%
al 2025.
Por otra
parte,
Aranguren
de
Cambiemos
afirma:
“Sin
descuidar
el
potencial
hidrocarburífero
de
nuestro
país,
tanto
convencional
como
no-convencional,
le
daremos
un
fuerte
impulso
a las
energías
renovables
no
convencionales
y
revalorizaremos
el rol
del
planeamiento
energético
de
mediano
y largo
plazo,
como así
también
al
ahorro y
la
eficiencia
energética
como las
formas
más
baratas
de
disponer
de
energía”
Es claro
que
ambos
frentes
deben
apoyar
la
producción
de
energía
verde ya
que
socialmente
es una
deuda
que la
matriz
nacional
todavía
posee
impaga.
Actualmente,
sólo el
0.5%
está
conformado
por
energía
eólica y
fotovoltaica.
Dado que
la ley
posee
plena
sanción,
y el
texto ha
sido
promulgado,
el
interrogante
que
queda,
una vez
más, es
la
reglamentación.
Esto
terminará
de
definir
los
aspectos
operativos
de
implementación,
que más
allá de
cualquier
gobierno,
deberán
respetar
el
espíritu
de la
ley.
Por lo
tanto,
como
conclusión
de esta
sección
podemos
decir
que
tanto
socialmente,
como
financieramente
(ahorro
de
divisas
a partir
de la
reducción
de la
importación
de
combustibles),
las
energías
renovables
representan
un punto
a favor
para
cualquier
gobierno.